La lista de Ulises

Lista de Ulises

Un día, teniendo yo 15 años, me enfadé con mis padres por algo que ya ni recuerdo y me fui de casa. No tenía mucho dinero, así que tras salir de casa decidí colarme en el Skytrain (un tipo de tren, el transporte público típico aquí en la Columbia Británica) y ver hasta donde me llevaba. Llegó al final de la línea en menos de una hora, así que decidí volver a hacer el trayecto en sentido contrario, mientras intentaba pensar algún tipo de plan sobre cómo iba a vivir el resto de mi vida sin la ayuda de mis padres ni ninguna otra persona. En la última parada, o la primera parada dependiendo de cómo se mire, una chica entró y se sentó en la fila justo detrás mío. Al principio no le presté mucha atención, ya que estaba ocupado escribiendo mi plan en una servilleta. Pasados unos minutos, la chica se levantó y se sentó a mi lado, preguntándome curiosa que qué estaba escribiendo. Le expliqué un poco lo que había hecho y mi plan, y tras unas risas empezamos a hablar de todo y de nada. Su nombre era Amanda, tenía 17 años, y era absolutamente maravillosa. Me dijo que se iba a bajar del Skytrain en la última parada, que también era la primera, dependiendo de cómo se mire. Como además era la parada en la que yo había subido originalmente, le dije que la acompañaría hasta allí. El viaje tomó de nuevo menos de una hora… pero qué hora.

Cuando la última parada llegó, los dos sabíamos que probablemente no íbamos a volver a vernos nunca más (todo esto sucedió en los días de antes de los teléfonos móviles, y yo era un niño demasiado tímido como para intentar ningún acercamiento “romántico”). Tras salir del tren y caminar un poco, llegamos al final de la acera y el camino se bifurcaba en dos direcciones. Ella se iba a la derecha y yo a la izquierda. Antes de decir adiós, Amanda se giró hacia mí y me dijo algo que se ha convertido en una parte maravillosa de mi vida. Me dijo: “Dime algo que hayas hecho, o algo que quieras hacer, que creas que yo debería hacer también. Puede ser lo que sea, tan difícil o fácil como creas. Siempre que me dejes el resto de mi vida para hacerlo, te prometo que lo haré.” Yo me quedé de primeras un poco confundido, pero pensé un poco y le dije “Canta una canción a capela en una habitación llena de desconocidos”. A ella le pareció perfecto, y me preguntó si yo querría un reto también. Le contesté que sí, y me dijo “Lee, desde el principio hasta el final, el ‘Ulises’ de James Joyce”. En aquel entonces yo no había oído nunca de ese libro, pero le dije que de acuerdo, y ahí nos despedimos.

Tengo una memoria horrible, y no puedo recordar la mayoría de conversaciones que tengo con la gente. Pero recuerdo aquella con toda claridad. ¿Sabes por qué? Por el reto que me dio. En los 12 años que han pasado desde entonces, me he sentado a leerme ese libro en más de 150 ocasiones. Cada vez que abro mi copia de ese monstruoso libro por alguna de sus 780 páginas, me acuerdo de ella. Siempre, y siempre pienso en ese día. Nunca he estado seguro de si esa fue su intención o no, pero realmente consiguió hacer una marca en mi memoria gracias al reto. Pronto me di cuenta de que, para mi, lo que había hecho era algo increíble y maravilloso… así que decidí continuar con la historia. He encontrado a muchos desconocidos en mi vida; algunos se han convertido en amigos y algunos, debido a que vivían en diferentes partes del mundo y otras circunstancias, no han llegado a serlo. Pero no quiero simplemente tener la experiencia de conocer a alguien y dejarlo ir. Quiero recordar esos encuentros, y disfrutar el hecho de que ocurrieron. Así que siempre que dejo a alguien que ha impactado mi vida de una manera u otra, me aseguro de añadirlos a mi Lista de Ulises. Les pido que me den un reto, tan fácil o difícil como quieran, independientemente de si lo han hecho o no; simplemente algo que de corazón quieran que haga.

Algunos han sido fáciles y divertidos; me encontré un hombre en la India hace 9 años que me dijo que, durante una semana o un mes, cocinara o comprara el doble de la comida que fuera a comerme, y le diera la otra mitad a un desconocido que lo necesitara. Completé esa misión hace 8 años, y pensé en ese hombre y el tiempo que pasamos juntos durante todo el proceso. Conocí a una chica en un crucero hace 6 años, que me dijo que saltara a una masa de agua (un río, un lago, una piscina, el mar…) en un día ligeramente frío, sin tocar o saber la temperatura del agua antes. Eso lo hice ese mismo año. Me encontré una pareja en un festival de música hace unos años que me dijeron que vistiera de la forma más extraña posible y me paseara por un sitio público, ignorando completamente el hecho de que iba vestido estrafalariamente. Ese reto lo cumplí al día siguiente, en el mismo festival. Algunos han sido difíciles, por decir algo: tres chicos con los que estuve fumando toda la noche en Ámsterdam me dijeron que debía ir a un centro comercial y darle a 10 desconocidos 10 regalos. Este reto me requirió un montón de coraje, pero lo hice alrededor de un año después de haberlos conocido. Me puse realmente nervioso haciéndolo, pero fue realmente excitante salir de mi zona de comfort. Una chica que conocí en un avión me dijo que me lanzara en paracaídas; estoy en el proceso de hacerlo. Una pareja que conocí en las playas de Cali me dijeron que le dijera a las 5 personas que más odio, que los quiero y los respeto. Este reto fue muy difícil debido a mi cabezonería, pero he estado a punto de completarlo unas cuantas veces (todavía en proceso, me quedan dos…)

Algunas cosas han tenido un impacto muy fuerte en mi vida. Conocí una chica en un festival de música que me dijo que cada vez que me enfadara con alguien, me alejara, cantara mentalmente mi “canción feliz” durante 5 minutos, volviera con la persona con la que me había enfadado e intentara arreglar las cosas, esta vez con la cabeza y el corazón. He convertido esto en una manera de vivir. Una vez, en el gimnasio de un hotel en el que me hospedaba, conocí a un hombre que me dijo que “cuando tu cuerpo y tu mente te digan que estás extenuado y has acabado, utiliza tu corazón y haz dos repeticiones más”. He convertido esto en mi lema cuando estoy entrenando o trabajando en cualquier tipo de ejercicio extenuante en el que mi cuerpo me dice que lo deje. También lo uso trabajando en cualquier otra cosa, o estudiando. Uno de los mejores consejos que nunca he recibido.

Han habido muchas otras personas, y cada una me ha traído algo de alegría a mi vida. Todavía hay muchas tareas que tengo que cumplir, y cada vez que pienso en estas tareas, pienso en la gente que me las dio. Es increíble qué tan bien recuerdo a toda esa gente, cuando no puedo recordar tantos aspectos de incluso ayer. De estas experiencias, no sólo saco una “misión” o un “reto”, también me quedo con un recuerdo muy vívido de ellas, que nunca falla en recuperarse en mi cabeza. Ayer abrí mi copia del Ulises por probablemente la vez número 300, y leí algunas páginas más, lo que ha hecho que quiera compartir esta historia con vosotros hoy. Estoy en las 30 páginas finales del libro, también conocidas por ser las más temidas de toda la lectura (en las últimas 40 páginas o así, James Joyce no usa ni un solo signo de puntuación; nada de puntos, comas, nada; una sola frase continua de 50 páginas de largo).

Nunca volví a ver a Amanda después de ese día, ni sé si nunca tuvo la oportunidad de cantarle a una habitación llena de extraños. Pero lo que sé es que me dio un regalo que nunca he dejado de recibir. Así que estés donde estés, muchas gracias por darme la Lista de Ulises. Juro que me lo acabaré algún día.

¿Un consejo vital? Muy sencillo: crea tu propia lista de retos, tu propia lista de Ulises.

Gente de todo el mundo haciendo sus Listas de Ulises en http://www.reddit.com/r/ulyssesbucketlist

Traducción libre de: http://www.reddit.com/r/AskReddit/comments/258w8s/what_is_a_story_you_have_been_dying_to_tell/chex9eq?context=3

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